diumenge, 30 d’octubre de 2011

VIOLENCIA INSTITUCIONAL


Conviene, antes que nada, definir claramente los alcances del título, para saber de qué estamos hablando; para ello, debemos definir sus términos y lo hacemos con la herramienta simple del diccionario:
*Violencia: Acción y efecto de violentar o violentarse. // Acción de violar.
*Violentar: Aplicar medios violentos a persona o cosas para vencer su resistencia. Violentar la voluntad, la conciencia. // fig. Dar interpretación torcida a lo dicho o escrito. // Entrar en una casa u otra parte contra la voluntad de su dueño.
*Violento: Que está fuera de su natural estado, situación o modo. // Que obra con ímpetu y fuerza. // Falso, torcido, fuera de lo natural. // Que se ejecuta contra el modo natural o fuera de razón y justicia.
*Institución: // Cosa establecida o fundada. // Toda organización fundamental de un país o sociedad. // Órganos constitucionales del poder estatal de una nación. // fig. Tener en una ciudad, empresa, tertulia o cualquier otra agrupación humana el prestigio debido a la antigüedad o poseer todos los caracteres representativos de ella.
Las definiciones relativas a la violencia y términos asociados, aportan bastante claridad si se leen atentamente, liberándonos de comentarios excesivos.

En cuanto a las instituciones, vemos que se nos abre un gran abanico de ellas. A diario tenemos trato con, por ejemplo, el Estado a través de sus poderes; la empresa como empleador, proveedor, cliente, etc.; los gremios en sus también variados roles, tomando tanto las organizaciones de trabajadores como de empresarios o profesionales (cámaras, confederaciones, colegios...); los partidos políticos; las religiones; las sectas; las organizaciones informales pero con algún tipo de poder; y así, todo tipo de organización que seamos capaces de imaginar.

Hasta aquí, las más obvias; pero podemos encontrarnos con otras que no lo son tanto. Podemos, por ejemplo, incluir a los sexos (cabe considerar el machismo y el feminismo como la actuación semiorganizada los mismos). Y aún al conjunto social actuando en algunas circunstancias; cuando lo consideramos en el sentido que les da Ortega y Gasset a las masas: "quien no sea como todo el mundo, quien no piense como todo el mundo, corre el riesgo de ser eliminado" (0).
Con lo dicho, podemos ya establecer dos cuestiones:

En primer lugar, que no existe otra división que la funcional. En algunas ocasiones actuamos como víctimas y en otras formamos parte de la institución que está violentando. Alternativamente, ejercemos o sufrimos la violencia institucional.
En segundo lugar, basados en la amplitud del campo de las instituciones que hemos nombrado o sugerido, veo conveniente que establezcamos que lo determinante para que tenga lugar la situación sobre la que queremos reflexionar, es que exista en la relación un intercambio comunicacional de complementariedad; que haya una pauta de autoridad y, consecuentemente, una de sometimiento.

Lo considero así, porque esto no pretende ser un trabajo sociológico ni estadístico ni político, sino sólo establecer algunas interesantes pautas de la comunicación y sus implicancias desde el punto de vista psicológico y relacional.
Por ello, tampoco creo oportuno abundar en ejemplos que todos conocemos o vivimos a diario. Ya sabemos que la violencia institucional se expresa a través de legislaciones injustas, a través del hambre, a través del desconocimiento de derechos, o también a través de la descalificación basada en pautas no adecuadas pero con la suficiente fuerza y autoridad.

"El peligro de disfrazar un juicio moral con la autoridad científica... es una trampa importante. Es una trampa, porque atribuimos a la ciencia más autoridad que la que merece. Lo hacemos por dos razones. Una es que muy pocos de nosotros conocemos las limitaciones de la ciencia. La otra es que dependemos demasiado de la autoridad en general"(1). Considero a éste un interesante aspecto de la violencia institucional que raras veces percibimos y que, sin embargo, tiene importantes consecuencias para el desarrollo humano.

Sin embargo, establecido el contexto, lo que más me interesa, es descubrir algunas características de la violencia institucional, que la diferencian de la individual y que la hacen más dañina y destructiva que ésta.
Una de ellas es la sensación de soledad. Frente al monstruo de la institución, uno se siente insignificante y, al mismo tiempo, mirando alrededor no suele encontrar en qué ni en quién apoyarse. Existe como un pacto callado por el cual todos parecieran solidarizarse con el más fuerte; tal vez, por instinto de supervivencia. Lo más que podemos lograr generalmente es alguna adhesión puramente declarativa.

Otra es la sensación de impotencia. En los enfrentamientos personales, existe siempre una posibilidad de victoria. En todo caso, funciona la ley del mas fuerte y cualquiera de los contendientes puede serlo en determinado momento. En lo institucional, uno es, frente a la institución, siempre el más débil. No tiene chance.
En tercer lugar, no se aplica la ley de causalidad. En las relaciones individuales, suele funcionar la vinculación causa-efecto. 'Si te sientes agredido por mi, tú me agredes'.
Aunque el efecto no sea deseado, es previsible y normalmente sabemos a qué atenernos. La violencia institucional aparece como irracional; carente de un motivo que le de origen.

Así como aparece sin fundamento, tampoco tiene lógica; y entonces se producen aquellas comunicaciones contradictorias del tipo de "tiene razón, pero marche preso". La víctima no encuentra un correlato lógico ('me porto bien, entonces, me tratan bien').
Ello, sin hacer mención del cinismo implícito en la respuesta, que suele presentarse también bajo la siguiente comunicación: 'es por su bien; lo estamos protegiendo', al tiempo que nos están causando un perjuicio a menudo irreparable.
Pero de las características de la violencia institucional la que me parece que la hace más terrible mirada desde el punto de vista de la higiene mental, es la siguiente: Si la vemos como una respuesta a la definición de nosotros mismos que damos a través de nuestra vida y nuestros actos, la violencia institucional actúa bajo la modalidad de descalificación.
En la violencia individual, la situación generalmente se plantea como una respuesta de rechazo. No hay acuerdo; no hay aprobación, pero hay un reconocimiento del mensajero y del mensaje. En cambio, en la violencia institucional, la respuesta es: "no existes".

Así, no son de extrañar las reacciones tremendas que ha desatado este tipo especial y tan generalizado de violencia desde siempre en el mundo. Creo que el noventa por ciento de las páginas de la historia se refieren a reacciones violentas en respuesta a acciones institucionales del mismo tipo.
Y ahora, a pesar de la característica de ensayo de estos apuntes, lo que significa que ni remotamente se pretende agotar el tema, no quisiera terminar sin considerar otras dos cuestiones: el origen de esta violencia y una consideración sobre la posibilidad de superarla.

Con respecto a la primera, voy a citar a Girardi:
"La humanidad esta dividida, porque el hombre esta dividido".
Está casi todo dicho. Cualquier argumento que agreguemos, lejos de lograr profundidad,
sólo nos distraería de la causa última.
Pero sí es interesante observar que tal división se produce, en el fondo, por ruidos de comunicación (del hombre mismo con su mismidad y su integralidad; del hombre con la divinidad, más allá del concepto que tenga de ella; del hombre con el entorno natural y social, etc.) y se transfiere y propaga también a través de la comunicación.
Es impensable otra vía.

Si ello es así, la solución también puede venir sólo por la vía de la comunicación.
Dicen las Escrituras que la violencia engendra violencia, lo cual es real y evidente. Pero la respuesta violenta tampoco resuelve nada, porque la violencia es intrínsecamente ineficaz. Vuelvo a citar a Girardi: "La violencia, aunque pudiera alcanzar su meta inmediata de echar por los aires las estructuras preexistentes, carece, en definitiva, de verdadera eficacia revolucionaria...  ...la ineficacia de la violencia viene, sobre todo de que ella no puede determinar la evolución de las conciencias".
Este último es un dato clave: la evolución de las conciencias a través de un proceso de expansión, donde podamos integrar al otro en nuestra conciencia, donde podamos integrar todos los reinos en nuestra conciencia. Entonces, nos será imposible herirlos, porque lo sentiríamos en nuestra propia conciencia.
Esto, por supuesto, requiere un camino nuevo y distinto de comunicación. "El propósito más general de la comunicación humana es -debe ser- la reconciliación... Las reglas de construcción de una comunidad son las de la comunicación efectiva" 

 

Por LORENZO F. STRUKELJ



PD:  senyors   consellers  de  la  Generalitat   de  Catalunya  ;  entenguis   Puig  , Mena  , Cleríes i   Mas-Colell   (  entre  altres  ....)    ..   caldria  que   fessin  el   impossible  per  dessitir   de  la seva  postura-actitud   violenta  ..  que   resten   manisfestant i  possant   en  pràctica IMPUNEMENT  ..   fà   massa   dies  i  contra   massa   sectors   socials  , que   no  oblidin  :  PAGUEM   ELS  SEUS  SOUS...I   TAMBÉ   PENSIONS..  AIXÍ   COM LA SANITAT  ..   el  que  s'ens   escapa.. és  clar   es  poder  dotar-los  de  l'educació   que  requeréix   i  que  seria   de  rebut , pels  càrrecs   públics   que   ostenten   ...   cosa  que no  els   fà   ni  dif.ferents , ni  millors   ni    per  damunt   de  ningú...  més  aviat  ens  al  contràri  ...  resten   INDEFECTIBLEMENT    al  SERVEI   exclusiu  de la  ciutadanía... NO   DELS  PODERS  FÀCTICS   , I  ECONÓMICS ...   

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GENIAL PENSAMENT

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"Cuando tenía cinco años, mi madre siempre me decía que la felicidad era la clave de la vida. Un día, cuando entré a la escuela, me preguntaron qué quería ser de mayor. Yo escribí "feliz" . Me dijeron que no había entendido la pregunta, y yo les respondí que ellos no entendían la vida". —John Lennon —

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